test embarazo

¿Cómo funciona una prueba de embarazo?

Hay muchos síntomas que pueden indicar que una mujer está embarazada, pero contar con alguno de ellos no significa que lo esté. Y así como para los dolores de articulaciones contamos con productos estrella como progen, lo cierto es que, en asuntos de embarazo, estos productos son los tests.

Para saber si una mujer se encuentra en estado de buena esperanza, evitando resultados erróneos, lo ideal es hacer la prueba de embarazo una vez se haya confirmado que tiene un retraso de su menstruación.

La prueba de embarazo

Este test mide una hormona, llamada gonadotropina coriónica humana (GCH) que se produce durante el embarazo y que aumenta significativamente sus niveles durante el primer trimestre. Unos 10 días después de haberse producido la concepción, esta hormona se puede encontrar en la orina y en la sangre de la mujer embarazada.

La prueba mediante la orina se realiza con una gota de la misma sobre una banda química preparada, y los resultados son visibles en uno o dos minutos.

Por otro lado, existen dos tipos de  prueba de embarazo con sangre: cualitativo, que mide si la hormona GCH está presente o no, y cuantitativo, que mire la cantidad de hormona GCH hay presente en el organismo en caso afirmativo.

Obviamente, el resultado que se obtiene mediante prueba por sangre es mucho más fiable y preciso que el de orina, pero es menos inmediato: se puede tener que esperar desde varias horas hasta más de un día. Además, el nivel de esta hormona se va duplicando cada 48 horas desde el inicio del embarazo.

Después de la confirmación…

Una vez se ha confirmado la existencia de embarazo, el ginecólogo debe llevar a cabo una ecografía y un examen ginecológico completo. Mediante una ecografía vaginal, es posible detectar posibles malformaciones, evaluar el desarrollo del feto –además de su crecimiento y posición-, comprobar el estado en el que se encuentra la placenta y el líquido amniótico, calcular el peso del feto, conocer el número de embriones que se están desarrollando, e incluso, escuchar sus latidos.

Se trata de una prueba que se empezó a realizar en los años 70, y aunque la ecografía más típica es la bidimensional, hoy en día ya existen las tridimensionales, e incluso, en 4D, que permiten ver al bebé en movimiento en tiempo real.

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